viernes, 8 de agosto de 2008

El 13 de Diciembre, será sábado.

Mañana será otro día. Pero tú te levantas con mis desayunos regalados en la cama, mientras yo me susurro un grito congelado por idiota, que dice que deberían ser para mí. Transmuto mis regalos en tus robos, que regalados siguen siendo algo parecido por si algún día quiero recuperarlo; y ese día que es ahora, sino siempre; el que nunca haya dejado de quererlo, de oler sus acordes y manchar con una lágrima lo que antes fueron sonrisas; de acariciar su voz resumida en agudos de cinco altavoces que aunque grabes siguen siendo tan bonitos que sin sentirlo ya sé a lo que sabe, ya sé que quiero saberlo cada segundo del resto de mi vida, y no por sus halagos, sino por lo que no dice y lo que no hace para que parezca que no escucha, cuando en realidad se ha pasado escuchando hasta el primer latido de cada aliento, y sin abrazarme ya sabe lo que quiero decir, o llorar el no tocarlo, ni sentirlo tan lejos y tan cerca. Olvidar esa eternidad en un segundo, por no saber aguantar esa milésima, para un infinito que ya no será más que un sueño del que te despiertas empapada. Sin volver al insultarnos o insultarme, de que ya verás como me rasco lo que siento y un día sí será una estupidez, el enloquecer y decidir que quiero darte todo eso que prometí, sin querer el todo a cambio, sino solo el soltar lo que es tuyo, que nunca pudo ser para otro alguien, por mucho que quisiese insistir; y el pedirte que lo guardes.
Aunque ahora, ya será siempre tarde.